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¿Vinos de Inglaterra?


Mac Margolis y Eric Pape
Hasta Inglaterra está fabricando buenos vinos. El cambio de clima está reescribiendo las reglas para su elaboración.
Este año la primavera llegó suavemente sobre la mayor parte del norte de Europa. El verano siguió con una gloriosa etapa de templadas noches, llevando a las uvas a una de las cosechas más tempranas de que se tenga memoria. Brillantes como chucherías, actualmente las últimas de las frutas cuelgan en las parras. Parece otro año propicio para el vino en Inglaterra.
Así es Inglaterra. El país de la pinta y el primm tiene un nuevo hábito. Por largos años un pasatiempo nacional y una broma perenne en el extranjero, el vino británico está brillando con colores propios. Los espumosos blancos hechos allí han superado a algunos de los champañas más distinguidos.
Se dice que hasta la Reina sirve los mejores vinos británicos a sus invitados. Pero el verdadero benefactor del Reino Unido tiene una jurisdicción más alta: la atmósfera. Lo que ha favorecido realmente a los vinicultores del mundo es el recalentamiento global. El Piamonte italiano, donde se produce el famoso Barolo, y el legendario Mosel alemán han estado de plácemes por la última década soleada. Aunque el calor brutal del verano boreal pasado cobró 15,000 vidas sólo en Francia, algunos vinicultores europeos están llamando a esta cosecha la mejor que se recuerde. "Este año es fantástico", dice Ian Berwick, secretario general de la Asociación de Viñas del Reino Unido. "Si todos los veranos van a ser así, tenemos que agradecerle al recalentamiento global".
Pero no hay que engañarse: los productores de vino saben que el clima es un aliado voluble, y la tendencia cálida no es una buena noticia del todo. Si los pronósticos del tiempo son correctos, en la próxima década las estaciones continuarán acortándose, los patrones pluviales serán menos predecibles y el sol más intenso. Pronto algunas uvas de tiempo frío, como la delicada Grüner Veltliner, ya no se desarrollarán bien en sus regiones tradicionales, mientras que tierras anteriormente inútiles comenzarán a dar soberbias uvas para vino. La noticia no será del todo mal, como lo demuestra el verano recién terminado. Pero la ventaja relativa entre los vinicultores podría cambiar radicalmente.
Entre los mejores equipados para hacer frente al cambio de clima probablemente serán vinicultores del nuevo mundo, de Australia, Chile, Sudáfrica, California y de otras regiones que han tenido que encontrar formas innovadoras para lidiar desde el tiempo inestable hasta los consumidores quisquillosos. Algunos vinicultores, especialmente en Chile, también parecen ser bendecidos con climas que los protegen de los peores efectos del recalentamiento global. Los vinicultores tradicionales, orgullosos desde hace siglos de la elaboración de vinos, podrían descubrir que las viejas reglas les están fallando. "Un mundo recalentado hará irrelevantes décadas de experiencia en el vino", dice Robert Pincus, de la Universidad de Colorado. "Con el cambio de clima nadie sabe que esperar dentro de 25 años".
Pincus un amante del vino, recientemente hizo un pronóstico de 25 años para las mejores regiones vinícolas de Francia, Alemania y Austria. El panorama es variado. El tiempo más templado favorecerá a la húmeda Inglaterra (incluso a Escocia). En el Mosel alemán, donde las viñas crecen en un estrecho nicho climático, el aumento de las lluvias y de las inundaciones podrían desplazar a algunas viñas de sus terrenos centenarios, y cerrar otras definitivamente. ¿Qué va a pasar con el destacado eiswein (vino frío) austríaco, obtenido de uvas pisadas que se mantienen en las viñas hasta que se congelan , cuando la helada llegue más tarde, dejando a la fruta expuesta al lluvia y al viento? Nadie sabe: el cambio de clima está convirtiendo a la viticultura en una adivinanza.
Según la mayoría de los vaticinios, el clima no se ha recalentado siquiera en 2 grados Celsius en el último siglo, quizás menos en regiones temperadas como Europa. Pero es difícil exagerar los efectos de hasta pequeños cambios en el cultivo de la uva. Las viñas son hierba mala, pero para obtener los azúcares se requiere exactamente la cantidad justa de luz solar. Demasiado poca, y la fruta no madurará o será demasiado ácida ;demasiado y las parras se cierran como termostato. Las viñas requieren agua pero también son propensas a pudrirse. El calor limpia los colores de las uvas rojas y hace a los vinos más inestables. A medida que los vinicultores se adaptan, sus vinos también están cambiando. En la región francesa de Alsacia, ya no agregan azúcar a sus caldos para aumentar el control del alcohol y la acidez porque las uvas están endulzándose en la parra. Los alemanes ahora saben producir sabrosos vinos tintos, algo que no se había escuchado en la tierra de los fríos Rieslings. Pero el futuro todavía es incierto. Burdeos continuará haciendo vinos, dice Pincus , pero quizás ya no sepan como burdeos. Podría haber tanto calor en Borgoña que esas uvas maduren demasiado rápido o languidezcan de "estrés de sequía". "Los vinos continuarán produciéndose en todas partes", asegura Pincus. "Pero en un mundo cálido, las asociaciones entre el vino y el lugar se tornan difíciles de mantener".
Tales asociaciones ya han empezado a sucumbir. El vino ha llegado a ser una empresa planetaria. Los vinicultores japoneses han ganado premios por vinos obtenidos de uvas francesas, mientras que algunos de los mejores Cabernet Sauvignon vienen ahora de Chile. Los australianos venden más vinos que los franceses en EE.UU y el Reino Unido. Muchos de estos nuevos productores de vinos se han concentrado en la innovación.
(FUENTE: Revista Newsweek en Español Octubre 8, 2003, Sección Ciencia y Tecnología).
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