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Última actualización [12/07/2010]


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Identificación de patrones de consumo de alcohol en adolescentes mediante análisis de clases latentes

Angelina Pilatti, Daniela Castillo, María Victoria Martínez, Ignacio Acuña, Juan Carlos Godoy, Silvina Brussino

ARGENTINA

En este trabajo identificamos los patrones de consumo de alcohol en una muestra de adolescentes argentinos (N=217) asistentes a escuelas de nivel medio públicas y privadas. Realizamos un análisis de clases latentes (LCA) en función de la frecuencia de consumo, la cantidad de tragos, la frecuencia de consumo hasta la ebriedad y la intención de consumo de alcohol en la próxima semana. Desarrollamos modelos de 1 a 4 clases latentes con el fin de lograr el modelo más parsimonioso que ofreciera un buen ajuste a los datos y cumpliera con el supuesto de independencia local. Optamos por un modelo de 3 clases de consumo de alcohol adolescente: bebedores sociales, tipo binge y pesados, que presentan correspondencia teórica y metodológica con las clases definidas en la literatura. Agregamos la categoría abstemios. Concluimos que el LCA permite una mejor clasificación de los patrones de consumo de alcohol de los adolescentes.

 

Abstract: The present study was conducted to identify patterns of alcohol use among a sample of Argentinean adolescents (N=217) from different public and private high schools. A latent class analysis (LCA) and four indicators were used: usual frequency of alcohol use, number of standard drinks of alcohol intake, frequency of drinking until drunken, and probability of drinking alcohol during the following week. A three- class model of adolescent drinking was chosen: social drinkers, binge drinkers, and heavy drinkers. All the three categories showed theoretical and methodological coherence with the literature in this area. A fourth category, labeled abstainers, was included. One of the most important advantages of the LCA procedure is that it analyzes simultaneously a broader set of indicators which allows gaining a more exhaustive, real, and comprehensive measure of drinking patterns than those more rationally used.

 

El presente trabajo fue realizado con el objetivo de caracterizar la conducta de consumo de alcohol de una muestra de adolescentes bebedores a través de una tipología de clases latentes. Específicamente,

buscamos superar algunas de las dificultades presentes en el campo de la medición del consumo de alcohol y lograr una medida que refleje de un modo más completo y real la modalidad de consumo de los adolescentes de nuestro medio.

 

Cualquier intento por describir y explicar la conducta de uso y abuso de alcohol debe partir de una medida válida y fiable que refleje con la mayor realidad posible el patrón de consumo de las personas.

Sin embargo, la variable consumo de alcohol es una conducta compleja que va cambiando a través del tiempo (Sobell & Sobell, 2001) por lo que obtener una medida ajustada a la realidad es uno de los objetivos más difíciles de cumplir (Dawson, 1998). El interés y la dificultad de encontrar la mejor manera de medir el consumo de alcohol se traduce en los numerosos trabajos que revisan diferentes

aspectos en la medición de esta variable. Al respecto, en la literatura se encuentran trabajos enfocados en los métodos de recolección de datos (Carney et al., 1998; Gmel & Lokosha, 2000; Grant, Tosigan & Miller, 2000), en el tipo de poblaciones estudiadas (Donovan et al., 2004; Wada, Price & Fukui, 1998; Sobell, Sobell, Leo & Cancill, 1988), en las diferencias culturales con

relación al consumo (Room & Makela, 2000; Sobell et al., 2001) y en la operacionalización

de la variable (Dawson, 2003; Stout, 2000).

 

Esta complejidad, sumada a la multiplicidad de objetivos de investigación en el área, en donde el uso de algunas medidas se aplica mejor que otras, dificulta llegar a un acuerdo sobre cuál es la manera más adecuada de valorar el consumo de alcohol (Dawson, 1998; Sobell & Sobell, 2002). Más allá de la

diversidad de herramientas disponibles, se ha establecido un nivel de consenso acerca de ciertos aspectos claves que deben considerarse a la hora de cuantificar el uso de alcohol. Entre estos aspectos, se mencionan la especificación del período de tiempo al que refiere el uso de alcohol, el tipo de preguntas empleadas para evaluar frecuencia y cantidad de consumo, la consideración o no del tipo de bebida consumida, el tipo de formato de las respuestas (abiertas o cerradas), y la definición de las categorías de consumo (Dawson, 2003; Sobell & Sobell, 2001).

 

El período de referencia acerca del cual se indaga sobre el consumo de alcohol de los participantes puede variar entre el último año y la última semana o la última ocasión de consumo. Al respecto, la elección de un período de referencia corto ofrece la ventaja de que los participantes recuerden con mayor precisión el tipo y cantidad de bebidas consumidas y la desventaja de no reflejar el consumo usual de las personas llevando a la incorrecta clasificación en una tipología de consumo, esto es, obtener una medida que no refleja el consumo típico de esa persona (Dawson, 1998, 2003).

 

Para obtener una medida de uso de alcohol, la estrategia basada en interrogar acerca de la cantidad y la frecuencia de consumo, es la aproximación general más ampliamente utilizada, sin embargo, cada uno de estos indicadores presenta aplicaciones particulares que ramifican la diversidad no sólo de los cuestionarios sino también, y justamente, de las medidas obtenidas. Por ejemplo, para evaluar la cantidad de tragos consumidos en una misma ocasión (unidad construida a partir de los gramos absolutos de alcohol ingeridos), suelen utilizarse dos aproximaciones diferentes, una basada en la cantidad usual (modo) y otra en la cantidad promedio (media). Si bien la media de tragos consumidos ofrece una aproximación más real, en la literatura es mucho más extendido el uso del modo ya que disminuye el error al no tener que calcular el promedio entre lo que pueden llegar a ser cantidades muy variables de tragos (Dawson, 2003).

 

Más allá de la multiplicidad de estrategias empleadas, el sistema que contempla la obtención de una medida de frecuencia y cantidad usuales junto a un indicador de consumo riesgoso (por ejemplo: frecuencia de consumo de cinco o más tragos por ocasión, consumo hasta la ebriedad, no ser capaz de recordar que sucedió durante la ocasión de consumo o consecuencias sociales debido al consumo), es uno de los más utilizados en la literatura (Dawson 1998, 2003; Grant et al., 1995; Scheier, Botvin & Baker, 1997; Thombs & Beck, 1994, Reboussin, Ip & Wolfson, 2008).

 

Otro de los puntos a tener en cuenta es la utilización de preguntas abiertas o cerradas (Dawson, 2003; Gmel et al., 2000). Al respecto, las opciones de respuesta cerrada tienen la ventaja de ser fáciles de procesar, pero por otra parte, pueden no ofrecer un apropiado conjunto de alternativas de respuestas y no incluir categorías que reflejen patrones extremos (en los casos en que aún la opción más extrema fuese muy baja frente a un patrón de consumo muy fuerte). Por otro lado, con el uso de preguntas de formato abierto se ha encontrado que los participantes reportan frecuencias de consumo más bajas que utilizando el formato cerrado, por lo que, en general los investigadores recomiendan la utilización de opciones de respuesta cerrada (Dawson, 2003, Gmel, et al., 2000).

 

En resumen, el set más corto de preguntas que puede usarse para medir el consumo de alcohol de manera correcta incluye el cálculo de la frecuencia y cantidad usuales y la frecuencia de consumo problema. En caso de utilizar una única medida de consumo usual, se recomienda usar la cantidad (Dawson 1998, 2003), ya que es mejor indicador de los riesgos asociados que la frecuencia (como ejemplo: si una persona toma una vez a la semana seis tragos en una misma ocasión tiene más probabilidades de presentar riesgos asociados, que una persona que toma seis tragos semanales distribuidos en un trago cada día).

 

El objetivo de obtener una medida válida del consumo de alcohol de las personas sirve a la tarea de describir de manera fiable los patrones de consumo de alcohol y los riesgos asociados al mismo. En este contexto, la multiplicidad de instrumentos para la evaluación del consumo de alcohol se traslada a la existencia de una pluralidad de sistemas de clasificación del consumo de heterogénea especificidad. Efectivamente, hay clasificaciones muy generales basadas en la mera distinción entre tomar o no tomar alcohol que clasifica a las personas, por ejemplo, en abstemios, bebedores anteriores y bebedores actuales (Dawson 2003) o simplemente entre bebedores y no bebedores (Wada et al., 1998). Otras (Duncan, Duncan & Hops, 1998), incluyen la frecuencia y la cantidad de tragos consumidos por ocasión de consumo dividiendo a los participantes en abstemios totales, abstemios actuales, experimentadores (tomaron alguna vez y además tomaron hasta 4 tragos en el último mes), bebedores regulares (entre 4 y 29 tragos en el último mes) y bebedores frecuentes (30 o más tragos en el último mes). En otros casos se combinan las clásicas tres preguntas con la frecuencia de aparición

de problemas asociados (Thombs & Beck, 1994), y mediante puntos de corte arbitrarios, se establecen diferentes categorías de bebedores: bebedores ligeros, moderados, pesados y bebedores de riesgo. Otro ejemplo de clasificaciones basadas en la consideración conjunta de frecuencia, cantidad y problemas asociados (Kerr-Correa et al., 2008) propone ocho categorías (desde abstemios hasta bebedores fuertes frecuentes con problemas) en función del consumo de alcohol durante el año previo. En efecto, queda claro que una clasificación que contenga más categorías brinda una distinción más fina, que permite hacer inferencias más precisas acerca del efecto del consumo sobre la aparición de problemas asociados.

 

Además de las variaciones tanto de los indicadores como de las clasificaciones obtenidas, las dificultades metodológicas en esta área incluyen diferencias en las definiciones operacionales y conceptuales de las variables implicadas. Ciertamente, si bien los investigadores coinciden en que el consumo denominado binge implica tomar una cantidad elevada de alcohol en un período corto de tiempo, no es posible encontrar una clara y unívoca definición de esta modalidad de consumo.

 

Efectivamente, existen variaciones no sólo respecto a la cantidad de gramos de alcohol que constituyen una unidad estándar, sino también con relación al período de tiempo en que debe encuadrarse el consumo (Courtney & Polich, 2009; Dawson, 2000).

 

A esto se suma la dificultad que implica que los estudios realizados en población adulta no siempre reflejan las características del consumo problemático de los adolescentes.

 

Puntualmente, el consumo de alcohol de los adolescentes se caracteriza por ser, a diferencia del consumo adulto, de una menor frecuencia pero de mayor intensidad (Reboussin, Ip & Wolfson, 2008).

 

Frente a estas dificultades, el uso del análisis de clases latentes aparece como una aproximación valiosa para superar algunos de los obstáculos mencionados. El análisis de clases latentes es un método estadístico utilizado con la finalidad de encontrar grupos entre los datos (Uebersax, 1994). Es una herramienta estadística de reducción de datos que permite obtener información acerca de la relación entre múltiples medidas observadas y el patrón de comportamiento subyacente (Percy & Iwaniec, 2007, Auerbach & Collins, 2006). Este procedimiento parte de la premisa de que la covariación entre una serie de indicadores manifiestos categóricos tiene lugar debido a la asociación que éstos presentan con una variable latente, como por ejemplo, un patrón de consumo. De esta forma, el objetivo es agrupar a las personas en función de las características compartidas con relación a un número de indicadores.

 

El análisis de clases latentes (LCA) trasladado al campo del consumo de alcohol ha llevado a la identificación de categorías de consumo más completas que consideran un mayor número de variables además de las típicamente utilizadas. Concretamente, en una muestra de adolescentes ingleses (Percy & Iwaniec, 2007) a partir de la valoración de frecuencia de consumo usual, la cantidad de tragos consumidos en la última semana, la cantidad de problemas asociados al consumo y la cantidad de episodios de consumo elevado durante las dos semanas anteriores al estudio, se obtuvieron cinco categorías de bebedores: consumidores problemas, pesados, moderados, ocasionales. En otro estudio realizado con adolescentes americanos (Reboussin et al., 2006), se hallaron tres categorías latentes (bebedores no problema, bebedores con riesgo de problemas y bebedores con problemas) a partir de la valoración conjunta de siete indicadores manifiestos: días de consumo en el último mes, consumo binge en las últimas dos semanas, consumo hasta la ebriedad, conducción de vehículos bajo estado de ebriedad, desmayos o blackouts, resaca y problemas sociales como consecuencia del consumo.

 

En este contexto, se realizó un análisis de clases latentes en base a cuatro dimensiones:

frecuencia, cantidad, frecuencia de consumo hasta la ebriedad e intención de consumo.

 

Puntualmente, intentamos superar mediante el uso de esta herramienta, algunas de las falencias ya señaladas y obtener una medida más completa acerca de la modalidad de consumo de los adolescentes de nuestro medio.

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FUENTE:      Quaderns de Psicologia/Vol.12,Núm.1

http://www.quadernsdepsicologia.cat/article/viewFile/748/665

 






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