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Información Científica

Última actualización [24/03/2009]


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Asertividad y uso de sustancias en la adolescencia: Resultados de un estudio transversal


ESPAÑA

Numerosos programas de prevención del abuso de sustancias en la adolescencia incluyen entre sus compo­nentes el entrenamiento en asertividad.  Este estudio trans­versal analizó la relación entre las puntuaciones de asertivi­dad del cuestionario CABS (Michelson y Wood, 1980) y uso autoinformado de tabaco, alcohol, cannabis y drogas sintéticas en una muestra de 294 adolescentes (edad me­dia=13,06 años, rango 11-14).

 

Un 51,4% y un 41,6% de los sujetos, respectivamente, declaró no haber consumido nunca tabaco ni alcohol, aun­que se halló un  4,8% de fumadores diarios. Muy pocos su­jetos declararon haber consumido las demás sustancias (un 7,1% había consumido alguna vez cannabis y un 1,4% dro­gas sintéticas). Aunque las puntuaciones globales de la escala CABS no correlacionaron significativamente con el uso de sustancias, la subescala de agresividad mostró corre­laciones estadísticamente significativas con el uso de taba­co, alcohol y cannabis.

 

La ausencia de pruebas claras de la relación entre aser­tividad y uso de sustancias subraya la importancia de una cuidadosa monitorización de los efectos de los programas de prevención del abuso de sustancias destinados a adoles­centes.

 


Introducción

El abuso de tabaco, alcohol y drogas ori­gina numerosos problemas de salud en los paí­ses desarrollados. Se estima que en 1992 se produjeron en España 46.226 muertes atribui­bles al tabaco, un 14,7% de todas las muertes registradas ese mismo año (González et al,1997). El abuso de alcohol afecta al 4% de la población adulta española, originando anual­mente la pérdida de 224.370 años potenciales de vida y un impacto económico de al menos 637.000 millones de pesetas (Portella et al, 1998).

 

El impacto social y sanitario del uso de al­gunas drogas ilegales es también notable. Du­rante la primera mitad de los años 90 el uso de heroína por vía parenteral se convirtió en una de las principales causas de muerte entre los jóvenes de las grandes ciudades españolas, y ha contribuído a la extensión de diferentes enfer­medades, como la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) o las hepati­tis víricas (Barrio, Bravo y de la Fuente, 2000). Diversos datos indican también que desde me­diados de los años 90 están aumentando en España de forma rápida los problemas sanita­rios derivados del abuso de cocaína (Suelves et al., en prensa)


 

El uso de tabaco, alcohol y drogas suele iniciarse en la adolescencia. Así, los por­centajes de escolares españoles de 14 a 18 años que manifestaron haber consumido alcohol, tabaco o derivados del cannabis durante el mes anterior a la realización de la Encuesta Escolar sobre Drogas de 1998 fueron, respectivamente, el 65,8%, 28,3%, y 17,2%. Además, tanto la edad media del primer consumo de tabaco, al­cohol o derivados del cannabis, como la edad media del comienzo del uso regular de tabaco o alcohol, se situaron siempre entre los 13 y los 15 años (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2000).

 

Numerosos estudios han analizado la im­portancia de diferentes variables que preceden al uso y abuso de sustancias en la adolescencia actuando como factores de riesgo o protección. Entre los factores analizados se cuentan la exis­tencia de leyes y normas sociales favorables al uso de drogas,  disponibilidad de esas sustan­cias, de privación económica extrema, desorga­nización del entorno social, diferentes factores fisiológicos, actitudes y comportamientos familiares en relación a las drogas, prácticas de ma­nejo familiar pobres o inconsistentes, conflic­tos familiares, bajo apego a la familia, proble­mas de conducta precoces y persistentes, fraca­so escolar, bajo compromiso con la escuela, re­chazo de los iguales al comienzo de la escolari­dad, asociación con iguales consumidores de drogas, rebeldía, actitudes favorables al uso de drogas e inicio precoz del uso de sustancias (Hawkins, Catalano y Miller, 1992).

 

La naturaleza multicausal del abuso de sus­tancias en la adolescencia justifica que las inter­venciones preventivas se dirijan principalmente a la modificación de diversos factores de riesgo y protección (National Institute on Drug Abu­se, 1997b). 

 

En España, se han efectuado muy pocos estudios sobre la evaluación de la efectividad de programas de prevención del abuso de sus­tancias (Calafat et al., 1989; Calafat et al., 1995; Rodríguez-Martos, Torralba y Vecino, 1996; Villalbí, Aubà y García, 1993; Luengo et al., 1999), pero en los Estados Unidos, un meta-análisis efectuado a partir de la revisión de 595 estudios de programas de prevención dirigidos a adolescentes, puso de manifiesto que las in­tervenciones más efectivas (en términos de su capacidad para modificar el consumo de taba­co, alcohol, marihuana y otras drogas) eran las que incluían actividades de entrenamiento en habilidades sociales generales y las basadas en el entrenamiento en habilidades para rechazar la oferta de drogas (Tobbler y Stratton,  1997; Suelves, 1998).

 

En consonancia con estos hallazgos, mu­chos programas de prevención del abuso de sustancias incluyen entre sus componentes el entrenamiento en asertividad y otras habilida­des sociales (National Institute on Drug Abuse, 1997a; Suelves, 1997), ya que se ha argumenta­do que estas habilidades pueden contribuir a mejorar la resistencia de los adolescentes a la presión del grupo de iguales para consumir drogas (Botvin, 2000).

 

Sin embargo, la consideración del compor­tamiento asertivo como factor de protección para el abuso de sustancias, y la atención que se ha prestado a la adquisición de habilidades de resistencia a la presión del grupo para consumir drogas, se contradicen con algunas observacio­nes empíricas. En primer lugar, algunos estu­dios transversales en muestras de adolescentes han encontrado una asociación positiva entre asertividad y consumo de tabaco (Carvajal et al., 2000), y que esta asociación puede cambiar cuando se analizan distintas dimensiones del comportamiento asertivo (Wills, Baker y Bot­vin, 1989; Goldberg y Botvin, 1993). Por otra parte, los estudios longitudinales indican que el uso de drogas en la adolescencia, suele ser an­terior a la vinculación a un grupo de iguales consumidores (Iannotti, Bush y Weinfurt, 1996), poniendo en cuestión la pertinencia del entrenamiento en habilidades de resistencia a la presión de grupo como estrategia preventiva.

 

En el presente estudio, se analizan nuevos datos sobre la relación entre asertividad y con­sumo de sustancias en un grupo de adolescen­tes españoles, con el fin de mejorar el conoci­miento sobre los determinantes del uso de dro­gas en la adolescencia y proporcionar bases so­bre las que diseñar programas de prevención más efectivos.

 

Método

Los sujetos que participaron en el estudio, eran alumnos de primer ciclo de Educación Secun­daria Obligatoria (ESO) de dos centros públi­cos la ciudad de Barcelona y de su área metro­politana, que participaban en un proyecto más amplio de evaluación de programas de preven­ción. Se solicitó el consentimiento pasivo de los padres de los alumnos a través del profeso­rado de los centros y de nuevo el consenti­miento de los propios alumnos, en el momento de administrar los diferentes cuestionarios. Solamente los padres de uno de los sujetos, puso objeciones a la participación en el estudio, pero el centro en el que cursaba estudios consideró oportuno excluir a todos los alumnos de su grupo.

 

En la Tabla 1 se muestran las principales características (sexo y edad) de los 294 sujetos que finalmente participaron en el estudio. To­dos ellos respondieron en horario lectivo a un cuestionario autoadministrado que incluía una escala de evaluación del comportamiento aser­tivo, cuatro ítems sobre el uso de tabaco, alco­hol, derivados del cannabis y drogas sintéticas, y otras variables que no se analizarán en el in­forme.

 

Tabla 1: Características de la muestra.

 

 

Alumnos de 1º de ESO

Alumnos de 2º de ESO

Total (%)

Edad media (desv. típica)

12,44 (0,45)

13,54 (0,40)

13,06 (0,69)

Sexo

Chicas (%)

70 (55,1)

80 (49,4)

150 (51,9)

Chicos (%)

57 (44,9)

82 (50,6)

139 (48,1)

5 casos con valores desconocidos en la variable sexo

2 casos con valores desconocidos en la variable edad

 

Los datos sobre experiencia de uso de taba­co, alcohol, derivados del cannabis y drogas sintéticas se obtuvieron utilizando una adapta­ción de la escala ordinal desarrollada por el Ore­gon Research Institute (Andrews et al., 1991) don­de los sujetos debían marcar la respuesta que mejor se correspondía con su situación. Se uti­lizó una escala de 7 puntos para el tabaco, los derivados del cannabis y las drogas sintéticas y una escala de 8 puntos para el alcohol. Las res­puestas a las escalas iban desde "Nunca he (fumado cigarrillos, tomado bebidas alcohóli­cas, fumado porros, tomado drogas de diseño), ni siquiera una vez" hasta "(fumo cigarrillos, to­mo bebidas alcohólicas, fumo porros, tomo dro­gas de diseño) al menos una vez al día".

 

Para evaluar el comportamiento asertivó se utilizó el cuestionario CABS (Children's Asser­tive Behavior Scale) (Michelson et al., 1987). La versión original americana del CABS demostró unos niveles adecuados de fiabilidad test-retest (r entre 0,66 y 0,86), consistencia interna y vali­dez, ya que las puntuaciones de la escala corre­lacionan con la evaluación por parte de los pro­fesores del comportamiento asertivo de los ni­ños y permiten detectar los cambios que se ob­servan tras participar en un programa de entre­namiento en habilidades sociales (Michelson y Wood, 1980). El cuestionario CABS consta de 27 ítems en los que el sujeto debe escoger de entre 5 respuestas posibles, la que mejor refleje el comportamiento que mostraría ante una si­tuación social determinada. La respuesta más asertiva recibe una puntuación de 0, mientras que cada una de las 2 respuestas agresivas y pa­sivas recibe una puntuación de 1 ó 2. La pun­tuación total del sujeto se calcula sumando el total obtenido, que se corresponde con la suma de las puntuaciones de agresividad y pasividad, de forma que las puntuaciones más bajas se co­rresponden con la elección de un mayor núme­ro de respuestas asertivas.

 

La aplicación del cuestionario se desarrolló durante el mes de noviembre de 1998 y estuvo siempre a cargo de un miembro del equipo in­vestigador, que explicó a los sujetos los objeti­vos y características del estudio y resolvió posi­bles dudas en la interpretación de las preguntas.

 

Para el análisis de los datos se utilizó el programa SPSS para Windows. Dado el redu­cido tamaño de algunos subgrupos de la mues­tra, se utilizaron técnicas estadísticas no para-métricas como el cálculo del coeficiente de correlación de Spearman y la prueba U de Mann-Whitney,


 

Resultados

Las respuestas correspondientes al uso de taba­co, alcohol, derivados del cannabis y drogas sintéticas se recogen en las Tablas 2 a 5, en las que puede observarse que una gran parte de los sujetos han experimentado ya con el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas, a pesar de su edad inferior a los 15 años. Un porcentaje mu­cho menor de sujetos declara haber utilizado alguna vez otras sustancias como los derivados del cannabis o las drogas sintéticas. Ningún su­jeto se declaró consumidor habitual de bebidas alcohólicas, pero el uso diario o semanal de ci­garrillos se observó en un 4,8% de los adoles­centes estudiados.

 

Tabla 2: Uso de tabaco.

 

 

 Alumnos 1º ESO (%)

Alumnos  2º ESO (%)

Total (%)

Nunca he fumado cigarrillos, ni siquiera una vez

 77 (59,2)

74 (45,1)

151 (51,4)

Probé uno o dos cigarrillos, pero no he fumado más

42 (32,3)

47 (28,4)

89 (30,3)

Fumaba de vez en cuando (menos de 1 cigarrillo al día), pero ahora ya no fumo

5 (3,8)

8 (4,9)

13 (4,4)

Fumaba habitualmente (1 vez al día o más) , pero ahora ya no fumo

1 (0,8)

8 (4,9)

9 (3,1)

Fumo cigarrillos esporádicamente, en fiestas o ce­lebraciones

4 (3,1)

11 (6,7)

15 (5,1)

Fumo cigarrillos al menos una vez por semana

0 (0)

3 (1,8)

1 (1,0)

Fumo cigarrillos al menos una vez al día

1 (0,8)

13 (7,9)

14 (4,8)

 

 

Tabla 3: Uso de bebidas alcohólicas

 

 Alumnos 1º ESO (%)

Alumnos  2º ESO (%)

Total (%)

Nunca he tomado bebidas alcohólicas, ni siquiera una vez

70 (53,8)

52 (31,9)

122 (41,6)

Tomé bebidas alcohólicas una o dos veces, perno no he vuelto a beber

26 (20,0)

33 (20,2)

59 (20,1)

Tomaba bebidas alcohólicas de vez en cuando, pero ahora ya no bebo

2 (1,5)

3 (1,8)

5 (1,7)

Tomaba bebidas alcohólicas habitualmente, pero ahora ya no bebo

1 (0,8)

0 (0)

1 (0,3)

Solamente tomo bebidas alcohólicas con mi familia en ocasiones especiales

21 (16,2)

43 (26,4)

64 (21,8)

Tomo bebidas alcohólicas esporádicamente, en fiestas o celebraciones

10 (7,7)

32 (19,6)

42 (14,3)

Tomo bebidas alcohólicas al menos una vez por semana

0 (0)

0 (0)

0 (0)

Tomo bebidas alcohólicas al menos una vez al día

0 (0)

0 (0)

0 (0)


 

Tabla 4: Uso del derivado del cannabis

 

 

 Alumnos 1º ESO (%)

Alumnos  2º ESO (%)

Total (%)

Nunca he fumado porros, ni siquiera una vez

128 (98,5)

145 (88,4)

273 (92,9)

Fumé porros una o dos veces, pero no he fumado más

2 (1,5)

16 (9,8)

18 (6,1)

Fumaba porros de vez en cuando, pero ahora ya no fumo

0 (0)

0 (0)

0 (0)

Fumaba porros habitualmente, pero ahora ya no fumo

0 (0)

1 (0,6)

1 (0,3)

Fumo porros esporádicamente, en fiestas o celebra­ciones

0 (0)

2 (1,2)

2 (0,7)

Fumo porros al menos una vez por semana

0 (0)

0 (0)

0 (0)

Fumo porros al menos una vez al día

0 (0)

0 (0)

0 (0)

 

Tabla 5: Uso de drogas de síntesis

 

 

 Alumnos 1º ESO (%)

Alumnos  2º ESO (%)

Total (%)

Nunca he tomado drogas sintéticas, ni siquiera una vez

128 (98,5)

162 (98,8)

290 (98,8)

Probé drogas sínteticas una o dos veces, pero no he fumado más

0 (0)

2 (1,2)

2 (0,7)

Tomaba drogas sintéticas de vez en cuando, pero ahora ya no las tomo

0 (0)

0 (0)

0 (0)

tomaba drogas sintéticas habitualmente, pero ahora ya no las tomo

0 (0)

0 (0)

0 (0)

Tomo drogas sintéticas esporádicamente, en fiestas o celebraciones

2 (1,5)

0 (0)

2 (0,7)

Tomo drogas sintéticas al menos una vez por sema­na

0 (0)

0 (0)

0 (0)

Tomo drogas sintéticas al menos una vez al día

0 (0)

0 (0)

0 (0)


 

El consumo de tabaco fue significativamen­te superior entre las chicas que entre los chicos (p=0,0395), pero no se observaron diferencias estadísticamente significativas en el uso de otras sustancias según el sexo. En cambio, el análisis del uso de sustancias según el curso -1º ó 2º de ESO- muestra un mayor uso entre los estudiantes de 2º curso para el tabaco (p=0,0008), el alcohol (p<0,0001) y los deriva­dos del cannabis (p=0,0009).

 

La puntuación media de la escala global de asertividad del CABS para el conjunto de la muestra fue de 17,50 (desviación típica, d.t.=6,58), que se corresponden con una media de 9,75 (d.t.=4,64) en la subescala de pasividad y 7,76 (d.t.=5,54) en la de agresividad. La com­paración de las puntuaciones según el sexo po­ne de manifiesto un nivel de asertividad signifi­cativamente superior entre las chicas que entre los chicos (media de 16,7 frente a 18,39; p=0,0442), principalmente atribuíble a las dife­rencias en la subescala de agresividad (media de 6,86 para las chicas frente a 8,79 para los chi­cos; p=0,0031). 

 

No se observaron diferencias estadística-mente significativas con respecto al curso en las puntuaciones de la escala de asertividad (media de 17,54 en 1º de ESO y de 17,48 en 2º; n.s.), aunque esta aparente estabilidad esconde un descenso significativo en la subescala de pa­sividad (10,61 en 1º y 9,13 en 2º; p=0,0098) y un aumento que no alcanza el umbral de la sig­nificación estadística en la subescala de agresi­vidad (6,93 en 1º y 8,35 en 2º; n.s.).

 

La Tabla 6 muestra la matriz de correlaciones entre consumo de tabaco, alcohol, cannabis,

drogas de diseño y puntuaciones de la escala de asertividad y de las subescalas de pasividad y agresividad. Al márgen de las lógicas correlaciones entre las subescalas del CABS, puede observarse que los coeficientes de correlación más elevados son, por este orden, los correspondientes a la asociación entre uso de tabaco y uso de cannabis, uso de tabaco y uso de alcohol, uso de alcohol y uso de cannabis y uso de tabaco y uso de drogas de diseño, aunque el limitado número de consumidores de cannabis y drogas de diseño en la muestra ponen en cuestión el significado real de los coeficientes de correlación observados para estas sustancias.

 

La asociación entre las puntuaciones de la escala de asertividad y de sus subescalas y el

uso de sustancias es notablemente baja, aunque estadísticamente significativa en algunos casos (agresividad y uso de tabaco, alcohol y cannabis, con coeficientes de correlación positivos; pasividad y uso de alcohol, con un coeficiente de correlación positivo).

 

Tabla 6: Matriz de correlaciones para las puntuaciones de uso de sustancias y del cuestionario CABS.

Alcohol

0,3809**

Cannabis

 0,4167**

0,1795**

Drogas de diseño

0,1641**

-0.0039

0,31135**

Asertividad

 0,0737

0,0570

0,1804**

0,0224

Pasividad

-0,1049

-0,1391*

-0,0065

0,0346

0,5412**

Agresividad

0,1505*

0,1367*

0,1378*

-0,0106

0,7017**

-0,1498*

 

 Tabaco

Alcohol

Cannabis

Drogas de diseño

Asertividad

Pasividad


* p<0,05 ** p<0,01


 

Discusión

A pesar de su edad, los adolescentes que parti­ciparon en el presente estudio mostraron una prevalencia de uso de tabaco y bebidas alcohó­licas relativamente elevada. Además, se pudo comprobar que los niveles de consumo de es­tas sustancias aumentaban rápidamente con la edad de los sujetos, lo que justificaría la conve­niencia de continuar avanzando en el desarrollo de estrategias preventivas efectivas destinadas a los adolescentes.

 

Aunque el análisis de las puntuaciones glo­bales del cuestionario de asertividad CABS pa­recería indicar la ausencia de relación entre asertividad y uso de sustancias al inicio de la adolescencia, este estudio muestra que en reali­dad existe una correlación positiva con las pun­tuaciones de la subescala de agresividad y nega­tiva con la subescala de pasividad, en conso­nancia con los resultados de otros trabajos en los que también se observó que la asociación con el uso de sustancias depende de la dimen­siones de asertividad analizada. La contribución de las formas agresivas del comportamiento no asertivo sobre el uso de sustancias debería ser contrastada en estudios longitudinales y expe­rimentales, aunque los datos analizados sugie­ren que el posible efecto protector del entre­namiento en habilidades sociales podría ser mayor si estuviera focalizado en la modifica­ción del comportamiento agresivo.

 

Sin embargo, el comportamiento asertivo explica una parte muy pequeña de la varianza observada en el consumo de sustancias. Otros estudios han puesto de manifiesto también que, a pesar de la relativa popularidad de los pro­gramas de prevención basados en el desarrollo de habilidades de resistencia a la presión para consumir drogas y habilidades sociales genera­les, el papel de los iguales en el desarrollo del consumo de sustancias en la adolescencia es re­lativamente limitado en comparación con otros factores de riesgo, como los relacionados con el entorno familiar (el uso de drogas entre los padres, la calidad de las relaciones familiares o las prácticas educativas de los padres; Ary et al., 1993).

 

Por otra parte, y como hemos podido ob­servar en trabajos anteriores, el profesorado implicado en el desarrollo de programas de prevención dedica relativamente poco tiempo al entrenamiento en habilidades sociales (Suel­ves, Romero y Sanchez-Turet, 2000), proba­blemente como consecuencia de su limitado entrenamiento en este tipo de técnicas. Este hecho, junto con algunas observaciones que indican que las actividades de entrenamiento en habilidades sociales en grupos de adolescentes podrían favorecer el aprendizaje de conductas desviadas como el uso de drogas (Dishion, McCord y Poulin, 1999), deberían impulsar a los profesionales a una más cuidadosa monito­rización de los efectos de los programas pre­ventivos destinados a adolescentes que, como cualquier otra intervención psicológica, pueden provocar también efectos adversos.

 

Los resultados obtenidos en este estudio están sujetos a diferentes limitaciones. En pri­mer lugar, por el propio diseño transversal, que aconseja prudencia al atribuir un significado causal a las relaciones observadas entre asertividad y uso de sustancias. Por otra parte, y aunque la validez de los autoinformes sobre el uso de tabaco, alcohol y derivados del cannabis está bien documentada (Díez et al., 1998), la ba­ja correlación entre uso de sustancias y puntua­ciones de una escala de asertividad es también compatible con la hipótesis de un posible arte­facto debido a la elección del instrumento de medida o a la asociación entre asertividad y otras variables como la edad, lo que plantea la necesidad de investigaciones adicionales sobre el efecto papel de las habilidades asertivas en el inicio del consumo de sustancias.

 

Agradecimientos

Los autores desean expresar su agradecimiento a Raquel Alern por su valiosa ayuda en el trabajo de campo, a Lina de Miguel y al personal docente de los Institutos de Educa­ción Secundaria que participaron en este estudio por su in­estimable ayuda y sus experimentadas sugerencias.

 

Referencias

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FUENTE:
 Revistas científicas/Anales/Psicología

                        http://revistas.um.es/analesps/article/viewArticle/29051

 

 






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