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XI. Ritos de Mesa y de la Bebida.




Continuación del artículo anterior. "Algunas reflexiones de Psicología Social sobre los Problemas de Alcohol en la Vida Cotidiana de los Franceses".

Abraham Moles.

Necesitamos de un análisis psicoliterario cuyas fuentes se encuentran en la literatura, pero que la Psicología dará coherencia y claridad al hecho de beber: bebemos, lo hemos dicho, para tranquilizarnos, por gusto, por placer "táctil" y también por el ademán de tomar vaso y llevarlo a la boca.

Un factor básico del consumo de bebidas alcohólicas en la mesa está ligado al ritual de la comida, en el cual existe una relación entre beber y comer, como forma de mantener el equilibrio con los alimentos ingeridos.

El problema de rellenar los vasos y la frecuencia con que estos son rellenados es simple y cuantitativo: no es necesario que un vaso lleno sea vaciado, pero sí existe la necesidad de que un vaso vacío sea rellenado. Esta necesidad es dictada por una supuesta "riqueza" en la convivencia, que se sustenta bajo una imagen del exceso a priori . Sin embargo, no está demostrado en qué se basa el placer del comensal o el invitado: después de todo, puede ser por haber comido o bebido bastante. Lo cierto es que este microescenario es extremadamente contingente, y está supeditado por los momentos, los humores y las conversaciones. Pero cualquier modificación por pequeña que esta sea guarda un valor estadístico, susceptible de influenciar, por un lado el consumo de alcohol y por otro lado, la forma de consumo de las culturas.

¿La moderación puede ser considerada como una cuestión de "saber vivir"? ¿ El comensal podrá señalarle al anfitrión de la casa que no le rellene su vaso sin su autorización, una vez que los efectos del vino se han duplicado? Ciertamente es este un mecanismo poco estable, contrariamente a la idea del entrenamiento psicosocial, difícil de discernir entre la analogía convivencia/alcohol, escena de la vida cotidiana.

XII. El Alcohol y el Automóvil: dos universos de privatización.

El Automóvil es un punto claro del problema del alcohol, es un punto de encuentro entre dos importantes fuerzas de la sociedad: por un lado aporta movilidad y por otro lado el placer de vivir; las bebidas iluminan el tiempo libre, ayudando a escapar de la presión social y facilitando el ensueño. Esta situación marca un conflicto de valores que la racionalidad busca ocultar, creando en el individuo una serie de dilemas.

La prueba que mide la concentración de alcohol en sangre constituye sólo un eslabón de la larga cadena de medidas vinculadas al manejo del automóvil, sin embargo, ésta es percibida por el sujeto como una violación a su vida privada, ya que dicho comportamiento está ligado a la esfera personal, materializada por el auto. Por lo que aún los partidiarios de esta prueba, necesitan una gran dosis de civismo para aceptarla y someterse a ella, aunque esto implique que el automovilista olvide la idea de que el auto forma parte de sí mismo.

Sobre este tema y con el fin de tratar estos problemas, la sociedad occidental inventó un solución: los seguros. La socióloga subraya con interés que este concepto tenía como función asegurar a la persona contra sucesos originados por otros individuos, así como de acontecimientos naturales o propios de su naturaleza psicológica, sin embargo este concepto entraña un desafío que es la regulación del medio interno contra los sucesos.

XIII. Dionisio en los mesones del campo: ¿Nuevo conflicto?

El consumo generoso, fuerte y excesivo de alcohol, hace revivir el sueño de Dionisio. El cual está relacionado con la fiesta. El alcohol contiene en su espíritu la idea de transgresión y de poder "ir más allá", conjugándose con un sinfín de repturas, e introduciendo la fiesta en la vida privada.

El automóvil era hace 30 años una herramienta que llevaba sanas y salvas a la gente a sus hogares, pero que de pronto se convirtió en una amenaza vinculada a su uso.

Sabemos que es necesario efectuar un análisis de varianza sobre las causas reales de los accidentes automovilísticos, donde el exceso de velocidad, la falta de adaptación de las carreteras y calzadas más la ineptitud de un apreciable número de conductores, representan factores de varianza más altos en comparación con los estados alcohólicos juzgados como elevados. Por lo que resulta indispensable proponer modelos alternativos de comportamiento que permitan que los individuos elijan otro tipo de actividades y a la vez repartan satisfactoriamente su tiempo, facilitándoles información sobre la relación que existe entre el alcohol y los peligros en las carreteras.

XIV. Del bien, del mal y del maniqueísmo.

En un terreno restringido, ninguna persona habla sobre el aspecto intoxicante y peligroso del alcohol, esto se debe a la tendencia de la sociedad de negar los poderes, pero también los peligros de las drogas. Por ejemplo: la distribución de anfetaminas a los soldados de la II Guerra Mundial, les permitía cruzar los vastos territorios enemigos sin experimentar hambre, sed o sueño, además de proporcionales una condición física admirable. Esto es completamente omitido en los artículos o estudios sobre las anfetaminas, así como por los medios de comunicación; por esto el público, así como, la opinión pública imagina que las drogas son producto de una invasión diabólica, olvidando que fueron creadas para satisfacer necesidades reales, y para abrir nuevas posibilidades al ser humano.

¿El proceso por el que pasa el alcohol seguirá el mismo orden? Hemos tocado un mecanismo general de la sociedad, una ética del progreso tecnológico, un problema moral de la responsabilidad.
La socióloga ha examinado cómo funcionan los mecanismos de la opinión pública, para determinar cuáles serán las decisiones u opiniones de los gobernantes, las cuáles se hayan indirectamente influenciadas por los medios.
El mecanismo esencial que ha sido nombrado aquí, y que ha sido recordado por muchos sociólogos (Lassmell, Berelson, Hannah, Arendt y Stoetzel) es el del "maniqueísmo". Sabemos que es fácil para el espíritu reducir los aspectos del mundo, en dos grandes categorías perfectamente separadas: el "si" y e "no", el "blanco" y el "negro", el "bien" y el "mal". Así es como se resume todo el problema de las drogas en la sociedad: "lo que no está bien, está mal".

La dicotomía entre el bien y el mal, ha estado presente en un gran número de civilizaciones y en varios estratos sociales en todo el mundo, esta situación ha sido impulsada en gran medida por el rápido ascenso de la legislación correspondiente, particularmente en EE.UU, la cual señala específicamente los papeles que se pueden o no jugar, a partir de ciertos supuestos o valores, basados en su propia moralidad, creando un ciclo en donde los medios influencian a la opinión pública y viceversa, originando una bifurcación en las actitudes que no existían antes.

Por lo tanto, los resultados del maniqueísmo son ya conocidos: en la medida en que el ser humano sea débil e imperfecto, sucumbirá ante el placer o ante la tentación. Esto traerá, tarde o temprano, conflictos con la ley. Lo ideal sería que considerará la ley como la expresión provisional de la moral, de su moral. Pero esto entraña un sinnúmero de paradojas: por ejemplo, si esta sanción se vincula únicamente al beber alcohol en lugares públicos, propiciará el desarrollo del beber en la casa, como patrón suplementario, lo cual no traerá a largo plazo ningún beneficio.

Recordemos también, la medida de seguridad del conductor designado, el cual sacrificaba su noche por llevar a sus amigos sanos y salvos a casa, quienes podían beber sin límites, dando espectáculos nocturnos; de esta manera dicha medida se aleja de su finalidad preventiva dando origen a otro tipo de problemas.
De la misma forma, la obsesión por fijar la tasa 0% en la prueba de alcohol en sangre, que ciertos países del Este manejaban con gran vigor, hacia comparecer ante la ley a toda persona implicada en un incidente o accidente de tránsito, propiciando que las personas se dieran a la fuga aterrorizadas, puesto que las sanciones por fuga eran menos graves que las ligadas al consumo de alcohol.

Parecería que las leyes francesas y las europeas han luchado contra el dominio del alcohol, pero sabemos también que la influencia de los medios de comunicación, la opinión pública y las reglamentaciones, crean fácilmente posturas extremistas, sobre todo cuando el clima social y cultural es favorable.

Para vislumbrar claramente este proceso hace falta precisar la existencia de otros factores, además de los ya señalados respecto al problema del alcohol; el simple hecho de su existencia, su emergencia y la dicotimización de las opiniones, originan una gran diferencia respecto a los factores sociales que llevan a las culturas a la adopción de ciertas posturas, por lo que sería útil compararlas: por ejemplo, la cultura musulmana, ligada a la prohibición total del alcohol, tradición arraigada por decenas de generaciones, pero que es compensada por la existencia de otras "pociones mágicas" tradicionales como el haschich, el kief, etc. Por otro lado, está la cultura estadounidense, vinculada con una ética protestante, más precisamente, calvinistaa; la cultura "socialista" que aspira a transformar a todos los ciudadanos en héroes, para luego darse cuenta de que no son héroes, sino miserables, y por último, la cultura latina que se basa en la concepción de la ley como el "vigilante sin razón" más que como la guía de sus conductas; una cultura que se ha fijado como meta el "arte del buen vivir", junto con la idea de progreso.


FUENTE: "Algunas reflexiones de Psicología Social sobre los Problemas de Alcohol en la Vida Cotidiana de los Franceses." Abraham Moles.

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